Mensaje del P. Miguel por los 60 años

Palabras del P. Miguel Tofful, por motivos de los 60 años de la presencia de la Obra en Uruguay.

08-09-2019
facebook

Discurso en ocasión de los 60 años de presencia de los Pobres Siervos

 

Salto, 7 de Septiembre 2019

Querido hermanos y hermanas en el Señor:

                “¿Con que pagaré al Señor todo el bien que me hizo? Alzaré el cáliz de la salvación e invocaré al Señor” (Sal. 115).

                Con estas palabras del Salmo 115 quiero expresar mi profundo agradecimiento al Señor a nombre de la Obra Don Calabria por los beneficios y la bondad del Señor para con nosotros.

Hace sesenta años, en el mes de Septiembre llegaban los primeros Pobres Siervos de la Divina Providencia en América Latina, concretamente a Salto Uruguay por invitación de Mons. Alfredo Viola, Obispo de Salto.

Monseñor Viola había leído el libro que había escrito el Padre Calabria, “Apostólica Vivendi Forma”, y quiso conocer personalmente al autor. Fue a Verona para encontrarse con el P. Juan Calabria y pedir que enviara algunos misioneros de su Congregación para la basta diócesis de Salto, particularmente para la atención pastoral en la campaña. En aquel momento el P. Calabria no tenía personas suficientes pero dejó abierta la posibilidad que la Divina Providencia indicaría el tiempo y el modo en que esto debía suceder... Y así fue. El 12 de Septiembre de 1959, los seis primeros religiosos Pobres Siervos se establecieron en la casa de la Capilla de la “Santa Cruz” posteriormente convertida en parroquia. El nombre de los religiosos: P. Gino Gatto (había llegado en el mes de Julio para preparar el terreno para los otros), P. Fermín Gamberini, P. Luigi Piován, P. Adelio Tomasín, Hno. Guerino Lavagnoli y Hno. Aldo Farina.

Los designios de la Providencia han querido que el carisma de los Pobres Siervos llegase a América Latina, concretamente a Salto, Uruguay y se encarnara en la vida de tantas personas. Los primeros misioneros iniciaron enseguida su incansable labor, atendiendo pastoralmente Colonia Lavalleja.

Aquí surgieron las Hermanas Misioneras de los Pobres, que se dedicaron con mucho celo pastoral a la evangelización de los pueblos y colonias de la campaña. Recordamos en este momento a las dos hermanas de feliz memoria que nos han dejado hace poco tiempo, la Hermana Teresita Mori y la Hermana Lita.

Posteriormente llegaron las Hermanas Pobres Siervas de la Divina Providencia y así se  completó la presencia de la familia calabriana en estas tierras salteñas.

Muchos Religiosos y sacerdotes Pobres Siervos, tantas hermanas Misioneras de los Pobres y hermanas Pobres Siervas han pasado por estos lugares en estos 60 años. A todos y todas ellas queremos recordar con afecto en nuestra oración, a los que ya partieron a la casa del Padre, a los que están en otros lugares y a los que aún están aquí entre nosotros. Que esta presencia de la Familia Calabriana pueda seguir creciendo en la vivencia y la trasmisión de la espiritualidad que Dios ha inspirado a san Juan Calabria.

Como bien lo recordamos, los Pobres Siervos han dejado por 20 años la parroquia de la Santa Cruz sin irse de la Diócesis. En ese período,  la espiritualidad calabriana continuó difundiéndose por la presencia de las Hermanas Misioneras, las Pobres Siervas y tantos laicos que continuaron reuniéndose y alimentándose con este carisma. Hace exactamente 10 años atrás, en ocasión de los cincuenta años, Mons. Pablo Galimberti, aquí presente, nos pidió a nosotros Pobres Siervos que volviéramos a la Parroquia de la Santa Cruz. No es siempre fácil volver cuando se deja un lugar, pero en este caso fue providencial y agradecemos infinitamente al Obispo emérito Pablo por esta invitación.

Es muy importante recordar que los caminos y proyectos de Dios son siempre conducidos por su amor y que tantas cosas que suceden en nuestras vidas, en la Iglesia y en el mundo son conducidas por su mano providente. Podríamos haber estado presentes en tantos otros lugares. Sin embargo Dios eligió este lugar, porqué así lo dispuso en su bondad y misericordia y nosotros estamos muy agradecidos: “Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 117).

Quiero detenerme un momento para profundizar tres aspectos, que tienen un sentido todo especial hoy para nosotros, que estamos aquí reunidos celebrando este acontecimiento. Lo hago con tres expresiones: Una coincidencia providencial, un compromiso y una misión.

Una coincidencia providencial: así como sesenta años atrás el Espíritu de los Pobres Siervos llegaba a estas tierras de América Latina con los primeros misioneros, hoy, exactamente hoy, se abrió una comunidad en el quinto continente, en Oceanía. Comenzó la misión de los Pobres Siervos en Papúa, Nueva Guinea, realizando el sueño de un escrito del P. Juan Calabria que decía que el espíritu de la Obra tenía que llegar hasta el confín del mundo. Esta no es simplemente una coincidencia sino que es un plan providente de Dios que conduce nuestra vida. Quién hubiera dicho que sesenta años después que los primeros misioneros salieron de Italia, de Europa, hoy llegaríamos a los cinco continentes. Qué gracia.

Un compromiso: el compromiso que todos nosotros tenemos es el de rezar por la Familia Calabriana, rezar por los Pobres Siervos, por las Misioneras de los Pobres y por las Pobres Siervas, que Dios nos ayude a permanecer fieles a nuestro espíritu y a la misión que nos confió enviándonos santas vocaciones. Y rezar también por todos los componentes de la Familia Calabriana (religiosos, religiosas y laicos) para que podamos vivir la alegría y la profecía de la comunión. El próximo año nosotros tendremos el Capítulo General de la Congregación. Es un momento particular de gracia para toda la Familia Calabriana. Pedimos sus oraciones para que el Espíritu Santo pueda hacer germinar estos signos de comunión en la vivencia del carisma y podamos ser testimonios vivos de la Paternidad de Dios en el mundo.

Una misión: el espíritu de la Obra que Dios ha inspirado a San Juan Calabria no es una propiedad exclusiva de los religiosos y religiosas que se los trasmiten a los laicos. Es un don, es una espiritualidad viva que todos podemos vivir y testimoniar con nuestras vidas.  Juntos como religiosos, religiosas y laicos somos llamados a seguir encarnando, alimentándonos y viviendo la espiritualidad calabriana para que sea viva en estas tierras, donde un día llegó por medio de las personas que dejaron sus tierras y la trajeron y encarnaron en estos lugares. Dios quiso que la espiritualidad de San Juan Calabria llegara, fuera conocida y vivida en este lugar y no en otro. Los primeros misioneros llegaron aquí. Tenemos una gracia grande y una responsabilidad como nos recordaba siempre el Padre Juan Calabria.

Concluyo con un mensaje muy lindo, inspirado del P. Calabria que nos deja hoy como compromiso de acción para nuestras vidas que nos encontramos aquí a celebrar estos 60 años: “El tiempo presente nos lo enseña: Dios tiene grandes designios en este momento para todo el mundo que lo quiere para sí y que toda la humanidad encuentre el camino, la luz verdadera y la paz; pero no la encontrará sino en nosotros si vivimos a la altura de nuestra vocación”... “Benditos aquellos que son dignos de colaborar con esta Obra de Dios, en la hora actual que tiene necesidad de Evangelios vivos como deberíamos ser todos nosotros cristianos”.

Agradezco nuevamente la presencia de Monseñor Pablo, agradezco el trabajo y la misión de las comunidades religiosas de los Pobres Siervos de Salto y Lavalleja, las Hermanas Misioneras de los Pobres y las Pobres Siervas. Agradezco a todos los que vinieron desde lejos y de cerca para celebrar con nosotros. A todos, el Señor los bendiga y acompañe siempre. Gracias.

 

P. Miguel Tofful

 

 

Etiquetas: