Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

En estos días hemos vivido una de las fiestas más grandes y hermosas de nuestra fe: la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Como sabemos, al estar presentes en varios países, las fechas de celebración no coincidieron en todos lados: en algunos se celebró el jueves 4 de junio, y en otros, como en nuestra región, se traslada y se celebra este domingo 7 de junio. Pero más allá del día en el que se haya realizado, el sentido y la importancia son los mismos para toda la Iglesia.
Para nosotros, Congregación de los Pobres Siervos de la Divina Providencia, esta fiesta merece un énfasis muy especial. Nuestro fundador, san Juan Calabria, nos enseñó siempre que nuestro mayor tesoro es Jesús en la Eucaristía. Por eso, esta solemnidad es un momento privilegiado del año, en el que manifestamos públicamente nuestra fe y amor por la presencia viva y real de Jesús en el Sacramento. Es el tiempo de las procesiones diocesanas, regionales y parroquiales, donde llevamos al Señor por nuestras calles, llevando su luz y su bendición a todo el pueblo.
En todos los países que forman parte de nuestra Delegación María Inmaculada —Argentina, Uruguay, Paraguay y República Dominicana— hemos vivido jornadas fuertes, llenas de fe y devoción. En cada comunidad, en cada casa y en cada parroquia, hemos puesto el corazón en esta celebración, recordando que todo lo que somos y hacemos nace de la Eucaristía.
Que esta fiesta renueve en cada uno de nosotros el amor al Santísimo Sacramento, y que, siguiendo el ejemplo de san Juan Calabria, sepamos siempre encontrar en Jesús Eucaristía nuestra fuerza, nuestro tesoro y el centro de nuestra vida.

